La desestalinización: coartada para las élites en el poder y los fascistas

En los últimos tiempos no para de hablarse en Rusia del estalinismo y de la necesidad de la desestalinización. Se han escrito numerosos artículos en prensa o internet mostrando diferentes posturas sobre la cuestión. Uno de los que más me ha gustado ha sido la entrevista que le ha hecho el portal de noticias ruso REGNUM al politólogo ucraniano Andrei Manchuk. El experto muestra muy a las claras cuál es el significado real de la desestalinización. Os dejo aquí, traducido al español, el artículo de REGNUM, merece la pena.

http://www.regnum.ru/news/fd-abroad/ukraina/1393831.html

La “Desestalinización” – intento de crear una coartada para las élites en el poder y los nazis de hoy en día.

Como ha mostrado la experiencia ucraniana, la llamada “desestalinización”, en la práctica tiene muy poco en común con el contenido expresado por el término. Sobre este asunto el corresponsal de la Agencia de Noticias REGNUM en Kíev le ha preguntado, hoy, 12 de abril, al experto politólogo ucraniano Andrei Manchuk.

“A los iniciadores de esta campaña no les interesan las cuestiones históricas – ellos simplemente lo están usando para conseguir sus objetivos políticos en marcha. Cuando los políticos ucranianos muestran sus rostros empapados en lágrimas en recuerdo de las víctimas de la catástrofe del hambre o de la represión estalinista, en absoluto se guían por la necesidad de restaurar la justicia histórica, o por los intereses insoslayables de su propio pueblo. Y es que en los veinte años que llevamos de reformas de mercado, Ucrania, sin ningún Stalin, ha perdido más de seis millones de ciudadanos, y la mayoría de sus habitantes han quedado sumidos en la espiral de pobreza como resultado de la continua crisis social.

Además, los procesos de degradación social en la esfera socio-económica y cultural, en todos estos años, han estado acompañados de frases rimbombantes sobre la lucha con las consecuencias del pasado soviético” – subrayó el politólogo.

“En este sentido oculto de la modernidad, los eslóganes de la “desestalinización” parecen la lucha sin sentido contra los fantasmas del pasado. Sin embargo, de hecho, sus iniciadores persiguen objetivos políticos muy pragmáticos. La campaña ideológica antisoviética – a la cual, en última instancia, pertenece la “desestalinización” – está llamada a justificar la política criminal de las élites post-soviéticas, que ha llevado a una catástrofe social y a la pauperización de las masas populares. Pues ante los crímenes inventados o reales de la época soviética, exagerados por los propagandistas oficiales en los medios de comunicación, nuestra realidad, con la omnipotencia de los oligarcas, la impunidad de los burócratas y “guardianes de la ley”, y la completa indefensión emanada del poder del pueblo, parece no tan lamentable y desesperanzada. Y los tormentosos debates históricos siempre permiten desviar la atención de la situación de crisis en el país”, sigue su razonamiento Manchuk.

Y añade el experto: “En lugar de intentos de un análisis crítico y objetivo de la historia de la URSS por parte de la sociedad, se ha enquistado una concepción propagandística bidimensional sobre una época de mal absoluto, en comparación con la cual todos los males de nuestra actualidad “post-totalitaria” palidecen. Precisamente en esto reside el significado de la propaganda anticomunista. Volviéndose contra el pasado, en realidad sirve de arma de lucha por el futuro de Rusia y de Ucrania. La retórica anticomunista está dirigida no contra el sujeto imaginario enmarcado en la época soviética pasada. Sino que sitúa su objetivo en desacreditar deliberadamente cualquier otro proyecto de izquierdas para la reforma de nuestra sociedad, alternativo al proyecto actual de mercado y liberal burgués. Y al mismo tiempo, debilitar en nuestra conciencia las consecuencias palpables de su dominio de dos décadas en el espacio post-soviético.

Además de eso, la “desestalinización” crea una coartada histórica para actuales nazis de diferentes tendencias. Pues en última instancia, justifica la lucha contra “la URSS totalitaria”, que emprendieron sus líderes ideológicos – en sentido amplio, desde la OUN (Organización de Nacionalistas Ucranianos) y la UPA (Ejército Insurgente Ucraniano) hasta el ROA (Ejército Ruso de Liberación).

Es importante señalar, que las consignas de “desestalinización” han reunido, de manera al menos aparentemente paradójica a los partidarios de ideas liberales y fascistas , en la lucha contra las “graves consecuencias” del pasado soviético. Precisamente por eso las iniciativas anticomunistas de los activistas liberales en Rusia y Ucrania encentran un ardiente apoyo de los ultraderechistas. En Ucrania se reunieron en torno a Yuschenko, Timoshenko y Tiagnibok, y no hay razón para suponer que algo así no se repetirá en Rusia”.

El conflicto de la Isla de la Serpiente

En los últimos días, las relaciones entre Ucrania y Rumanía se han deteriorado hasta límites insospechados. La culpa la tiene una pequeña isla del Mar Negro, junto al delta del Danubio, llamada Isla de la Serpiente (en ucraniano Острів Зміїний– en rumano Insula şerpilor).  La isla perteneció a Turquía, Rusia y finalmente a Rumanía, hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, cuando pasó a la URSS, que construyó una base militar. Tras la desaparición de la URSS pasó a Ucrania. En la isla no hay practicamente nada, y cuenta con entre 70 y 150 habitantes, militares y científicos la mayoría. Sin embargo en el 2001 se descubrieron importantes reservas de petróleo y gas en el subsuelo marino, lo que ha llevado a la radicalización de las posturas de ambos países. En realidad el problema no es por la isla en sí, sino por el territorio de alrededor. Para los rumanos, no es una isla, sino una roca, que además está deshabitada así que, según la legislación internacional Ucrania no tiene derecho al territorio marino de alrededor. Según los ucranianos es una isla, por añadidura habitada, así que tanto la isla como las aguas de la zona pertenecen a Ucrania.  Por eso mismo en los últimos años se ha construído un asentamiento con infraestructuras  civiles, como bancos, museos, baños termales, etc. Al poco tiempo, en el 2006 el asentamiento fue elevado a la categoría jurídica de pueblo. Finalmente Rumanía recurrió en el 2004, y de manera unilateral, al Tribunal Internacional de La Haya para que fuera éste quien tomara una decisión.

Situación de la Isla de la Serpiente. Gráfico: Wikipedia.

En febrero del 2009, el Tribunal Internacional de La Haya falló a favor de Rumanía, y llegó a la conclusión de que no se trata de una isla, sino de una roca, y por lo tanto a Rumanía le correspondería una parte importante del territorio de alrededor, con sus riquezas minerales.

En cualquier caso, la decisión tampoco ha resultado ser tan positiva para Rumanía como pudiera parecer, ya que resulta que el primer gobierno rumano, tras la caída del comunismo, entregó derecho de explotación de la zona pertenece a una empresa canadiense por veinte años.

Isla de la Serpiente. Foto: Wikipedia

Éste no es el único conflicto territorial entre ambos países, ya que Ucrania está preocupada por el crecimiento de la población que se declara rumana en sus provicia de Chernovtsi, junto a la frontera con Rumanía.

Esta semana, un nuevo escándalo se ha ido a sumar a la tensión entre ambos países: Rumanía ha expulsado de su territorio a un diplomático ucraniano acusado de espionaje y además se le ha declarado “persona non grata”. El conflicto se ha cobrado la cabeza del ministro de asuntos exteriores ucraniano Volodimir Ohrizko, persona muy cercana al presidente ucraniano Yuschenko y uno de los principales políticos anti-rusos en el país. Por eso muchos expertos creen que la primer ministro, Yulia Timoschenko ha forzado su dimisión como gesto hacia Rusia.

FuentesIndex (portal húngaro de noticas), Karpatinfo (portal de noticias de la minoría húngara de Ucrania), National Geographic Hungría, Postinfo (portal de noticias húngaro sobre el espacio ex-soviético), Transindex (portal de noticias de la minoría húngara de Rumanía), Új Magyar Szó (prensa de la minoría húngara de Rumanía).