La manipulación de la historia y el culto al nazismo en el Báltico (a propósito de un libro)

Un interesante artículo de la revista húngara “Eszmélet” (ya mencionada en alguna ocasión en este blog), en el que con la excusa de la crítica a un libro de historia, se nos muestran los intentos de manipular la historia en los países bálticos, llegándose incluso al punto de justificar el nazismo, como contraposición a la brutal demonización de la URSS.

El libro en cuestión es “The Anti-Soviet resistance in the Baltic States”. Vilnius. Genocide and Resistance Research Centre of Lituania. 2006. Y fue editado en su día con la colaboración de varias instituciones “científicas” de los tres países bálticos.

El autor del artículo húngaro es László Nagy y el título del texto es: “La historia castrada. El síntoma de la weimarización báltica”. Y se puede encontrar aquí, en la página de la revista Eszmélet, en versión original. El artículo fue publicado en el número 81 de la citada revista, primavera del 2009.

He aquí un resumen del artículo:

¿Cómo se vuelve propaganda la ciencia de la historia? Esta cuestión se plantea ya sea intencionadamente o no al leer el volumen de estudios históricos publicados en inglés y dirigido a los países occidentales, por uno de los institutos de historia lituana más destacados: El centro de investigación de la Resistencia y el Genocidio Lituano. La edición, con el título “La resistencia antisoviética en los estados bálticos” es uno de los síntomas de la actividad destructora de la identidad que refuerza el olvido colectivo y la memoria selectiva, y refleja la simplificación de pensamiento público y de visión de la historia tras la caída del comunismo.

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El volumen, que analiza a grandes rasgos la historia de las repúblicas soviéticas bálticas y la resistencia antisoviética, sencillamente ni siquiera tiene en cuenta la ocupación alemana y la resistencia antifascista. Si lo hiciera, inmediatamente se vendría abajo toda su “heroización” de los movimientos antisoviéticos.

[El libro ha sido escrito por importantes historiadores], solo se sale de la lista Mart Laar, que escribe sobre los “hermanos del bosque” estonios, primer ministro de la República de Estonia. Entre todos los autores, Laar es el único que ha “olvidado” escribir las fuentes en las notas a pie de página. Como político le podría ser perdonable, pero Laar ya dice al principio que ha sido el autor del primer trabajo global sobre el movimiento de los Hermanos Del Bosque (publicado en 1992 en estonio en Tallinn) (…). Otro de los problemas que se plantea es que sus fuentes se basan en conversaciones y recuerdos de ciertas personas, y también en uso de ciertos materiales de archivo. La historia oral es un hecho indispensable para alcanzar el mayor grado de objetividad, pero exige, en cualquier caso una postura crítica, y solo entonces es de verdad efectiva. Sin embargo, por desgracia, en el escrito del primer ministro falta una crítica seria de las fuentes.

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El estudio mas completo es sobre la historia de Letonia, aunque la parte más extensa es sobre Lituania, casi la mitad del libro. Solo en el caso de Letonia se habla de la ocupación alemana (por Vineta Rolmane, de una universidad letona), así como de la relación entre la iglesia católica y la resistencia antisoviética, que trata hasta 1990. El bloque temático lituano solo lo trata hasta 1967 y en el caso de Estonia, no sabemos nada de la actividad del clero en el movimiento de resistencia antisoviética.
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Cuando se habla de la oposición contra el régimen soviético en Lituania, Arvydas Anasaukas plantea un extenso estudio de las fuentes … pero solo de las que le interesa. Por ejemplo no menciona obras que contradicen la imagen del movimiento de resistencia que él quiere dar, por ejemplo “El libro negro desconocido”, publicado en la época soviética, editado por Ilia Érenburg y que documenta la eliminación sistemática de la población judía de los territorios soviéticos por los alemanes. La fuente de todos los males es la dictadura “comunista”. Y calla que los guerrilleros anticomunistas asesinaron de la manera más brutal e inhumana a casi toda la población judía y gitana del Báltico.

El autor no se pasa al bando del antisemitismo abiertamente, pero no menciona los crímenes nazis – no al nivel que debería teniendo en cuenta su gravedad. Es más, cuando compara los dos regímenes, el nazi sale mejor parado. Sería de esperar que los autores del volumen rechazaran y criticaran el salvajismo de la resistencia. Pero parece que los nuevos estados nacionales de Europa Oriental han encontrado en la oposición de extrema derecha, filofascista y “nacional” su ideología legitimadora.

La colección de artículos solo valora la ocupación alemana como el daño a la independencia nacional de los estados bálticos, sin mencionar siquiera la liquidación de la población judía o gitana.

El primer texto, de Valentinas Brandisauskas parece incluso justificar la organización filogermana lituana creada en 1940 en Berlín, el LAF (Frente de Activistas Lituanos), y a su milicia creada en 1941, el TDA (Defensa del Trabajo Nacional). Primero mostrando que su objetivo principal era la liberación de Lituania, y en segundo lugar, que sus miembros pertenecían a un amplio espectro político, desde la socialdemocracia hasta la extrema derecha. Pero el autor olvida que muchos comunistas y socialistas se unieron al movimiento nacionalsocialista y desde ese momento daba igual cual hubiera sido su pasado, sino que lo importante es lo que hicieron en esa época sangrienta.
Cuando caracteriza al dirigente de la LAF, Kazys Skirpa, se menciona que su tesis principal era que solo Alemania sería capaz de liberar Lituania de la ocupación bolchevique. Skirpa creía en el eslogan nazi de la reorganización de Europa tras la guerra. Y pensaba que la restauración del estado lituano estaba unida a los objetivos nazis. Tanto en sus declaraciones, como en sus programas podían verse sus principios: culto al dirigente, nacionalsocialismo, alejamiento de los judíos de la vida política y económica, etc. Pero no considera que el antisemitismo de Skirpa fuera algún crimen. Mientras que menciona positivamente las acciones antisoviéticas y de desarme de las unidades del Ejército Rojo en junio de 1941, en el momento del ataque alemán, no menciona ni un solo pogrom contra los judíos o gitanos.

La población judía lituana fue eliminada casi en su totalidad. Para finales de 1941 quedaban solo 40 mil judíos de 220 mil, y todos encerrados en guetos, y después, en 1943-44 fueron asesinados al hacer explotar los guetos, o deportados a campos de concentración. Así, finalmente solo 8 mil judíos lituanos sobrevivieron a la guerra. Viktor Kutorga, médico oncólogo y antifascista, menciona la tragedia que se vivió en Vilnius los primeros días, en junio de 1941, en “El desconocido libro negro”. “Los guerrilleros irrumpieron en las casas de los judíos, asesinaron a los hombres, a las mujeres y a los niños y luego robaron los bienes de las víctimas. El 30 de junio, en un solo día, en la fortaleza de Vilnius fueron asesinados 5 mil judíos, principalmente intelectuales. Los verdugos aquí fueron lituanos, elegidos por los alemanes para la tarea. Obligaron a los judíos a desnudarse, a que se tumbaran en el suelo y luego disparaban ráfagas de ametralladora sobre ellos. (…) El 29 de octubre, en el gueto de Kaunas, donde había 28 mil judíos, pusieron en marcha a las 5 de la mañana a 10 mil hombres, a la novena fortaleza, donde fueron todos asesinados al día siguiente. Especialmente afectó a los intelectuales. (…) Cualquiera que pasaba por allí podía ver los fusilamientos.

En otoño de 1943 soldados húngaros y de las SS tomaron la tarea de acabar con los judíos que quedaban. El 27 de octubre de 1943 los alemanes eligieron a 3.500 mujeres junto con sus hijos y los llevaron a la estación. Allí separaron a los hijos de las madres y los envenenaron. Los niños murieron allí, a la vista de sus madres. Luego golpearon a las madres y las torturaron, por ejemplo clavándoles agujas ardiendo bajo las uñas. Cuando perdían el conocimiento las colgaban de un árbol. Pero tenían cuidado de que no murieran, si veían que estaba a punto de morir las bajaban. Al día siguiente quemaron en la hoguera a los padres. Desnudaron a las madres y siguieron torturándolas.

Junto a los alemanes y sus aliados (entre ellos húngaros), también la población local se encargó de exterminar a los gitanos. De los 300 mil gitanos exterminados en los territorios soviéticos, 10 mil lo fueron en Lituania, lo que representaba la práctica totalidad de la población gitana de Lituania. Hasta hoy en día Hungría, por ejemplo, no ha pedido perdón por los judíos y gitanos exterminados, de hecho ni siquiera es algo conocido por el público.

También la letona Vineta Rolmane hace incapié en la ocupación alemana, sin examinar los crímenes de guerra y contra la humanidad. El ministro imperial (Ostminister) de los territorios ocupados orientales (Ostland), era el famoso teórico de la teoría de las razas, Alfred Rosenberg, supeditado a él estaba Otto Dreschler, Comisario General de Letonia. Aquí, después de que la población aceptara la llegada de los alemanes con alegría, rápidamente se hizo dominante el rechazo hacia los nazis (eso dice Vineta). La actividad de los guerrilleros que luchaban contra los comunistas está justificada como la justa revancha frente a los agravios. Con eso el libro deja atrás el mínimo democrático, que considera la victoria de los aliados frente a los nazis un hecho indiscutiblemente positivo. Además de callar el hecho del holocausto, describe los diferentes grupos antifascistas, que por la falta de una coordinación común, no podían volverse efectivos (el círculo de demócratas civiles dirigido por el profesor Konstantins Cakste, creado en 1941, Partido del Centro Democrático; el Partido Obrero Socialdemócrata Letón, que realizaba actividades ilegales desde febrero de 1942; el Consejo Central Letón, creado en agosto de 1943 por representantes de partidos democráticos prohibidos; el grupo de resistencia surgido en el ejército, del general Janis Kurelis; la revista Tautas balss, editada por la Unión Nacionalista Letona; la agrupación Jaunpulki -Nuevo Ejército – de 50 jóvenes de entre 15 a 18 años que funcionó desde abril hasta julio de 1942).

Rolmane calla que de 70 mil judíos letones apenas 4 mil sobrevivieran la guerra. En los primeros meses de guerra, fueron liquidados 30 mil judíos por los Eisatzgrupp, luego en octubre de 1941, a los sobrevivientes los internaron en el gueto y hasta finales de año fueron asesinados otros treinta mil. A finales de 1943 se cerró el gueto y sus habitantes fueron llevados a Salaspils, y más tarde al campo de concentración de Stutthof.

El conmovedor relato del Holocausto letón está reflejado en el diario de la niña judía de 15 años Sejna Gram, de Preili, y también se puede encontrar en el Libro Negro Desconocido. Los 1500 judíos de la pequeña localidad de Preili fueron exterminados casi en su totalidad. Solo 6 sobrevivieron la guerra. El 9 de agosto de 1941 los nazis ejecutaron a la familia de Gram.

En Rezekne hubo un exterminio similar por parte de los ocupantes. Sobrevivieron 3 judíos de los 6 mil de antes de la guerra. Cuatro días antes de la llegada de las tropas del Ejército Rojo los alemanes quemaron o hicieron explotar más del 70% de los edificios de piedra de la ciudad.

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De los países bálticos, en Letonia era donde el porcentaje de gitanos era mayor, casi todos ellos fueron exterminados. (unos 2500).

Cuando llegó la noticia del ataque alemán a la URSS, los “Hermanos del Bosque” se ocultaron en los bosques de Estonia y comenzaron la lucha contra el Ejército Rojo. Tiit Noormets, consejero de la Sección de Investigación y Publicación del Archivo Estatal Estonio, lo documenta en su estudio, sin embargo calla el holocausto. En Estonia el porcentaje de judíos era pequeño, había unos 5 mil, de ellos solo quedaban mil cuando el Ejército Soviético volvió a recuperar la región. La mayoría fueron ejecutados.

Los mil gitanos de Estonia fueron exterminados. En total, durante la ocupación alemana fueron asesinados 6 mil personas, judíos, gitanos y comunistas o simpatizantes.

Un porcentaje importante de la opinión pública de los Países Bálticos hoy en día no quiere ni darse cuenta de la existencia del Holocausto. Cuando el periódico Eesti Paevaleht organizó una encuesta sobre la cuestión, en la pregunta de si apoyaría que se estableciera un día en recuerdo de las víctimas del holocausto, el 93% respondieron negativamente. Solo un 7% lo aprobó.

El grado de la solidaridad social por los criminales de guerra nazi lo demuestra el hecho de que después de la caída del comunismo, ni siquiera en un caso alguno de ellos ha pagado por sus crímenes. Contra doce emigrantes lituanos en los EEUU, criminales de guerra, se inició un proceso judicial, pero 11 de ellos regresaron a Lituania con la caída del comunismo, entre ellos Alaksandras Lileikis, un alto cargo de la Policía Secreta Lituana (Saugumas), y su suplente, Kazys Gimzaukas.

El juicio solo pudo comenzar cuando por su estado físico ya no podían presentarse ante el tribunal. El primero murió antes de concluir el juicio. El segundo fue condenado, pero debido a su mal estado de salud no cumplió la condena.

Tras la caída del comunismo, en 1991, el gobierno lituano ha perdonado a numerosos criminales nazis perseguidos por el Centro Simon Wisenthal.

Del 36 Escuadrón de Seguridad Estonia, que en agosto de 1942 participó en la matanza de Novogrudok, en Bielorrusia, quedan vivas aún 16 personas, que fueron condecoradas por sus actos en diciembre de 1942. La Oficina de Policía de la Seguridad el Estado rechazó la petición del Centro Simon Wiesenthal para juzgarlos afirmando que no había pruebas para hacerlo, rechazando la opinión del Tribunal Internacional Estonio para la Investigación de Crímenes contra la Humanidad y del único testigo sobreviviente.

En la opinión pública de los países bálticos dominan dos grandes errores:

1. De entre los crímenes nazis y comunistas, los segundos son más graves. No se pueden perdonar los crímenes de los segundos y todos los días hay que recordarle a la sociedad la tragedia.

2. Los judíos son los enemigos de la nación y se los considera a todos comunistas.

El ejemplo más evidente de esta esquizofrenia nacional es Tomas Venclova, poeta lituano que vivió mucho tiempo en la emigración, historiador de la literatura, lingüista, dramaturgo, ensayista y traductor. Su padre, Antanas Venclova, fue un alto funcionario de la época comunista, consejero del pueblo de educación, uno de los escritores más destacados del país, autor del realismo socialista. Tomas ha rechazado hasta tal punto su pasado comunista que en muchas cuestiones sus ideas son nazis. Y Tomas dice también que “no envidio a los dirigentes lituanos de la época, a los que la historia les ofreció solo la posibilidad de poder elegir etre Hitler, Stalin y la muerte.

(…)

La ciencia histórica ha sobrepasado sus propias fronteras, se ha hundido al nivel de la propaganda política y no vemos que ese caída pueda ser detenida. No se distinguen los rasgos de una escritura de la historia objetiva que pudiera salvar la ciencia de la trampa de la weimarización.

http://www.eszmelet.hu/index2.php?act=period〈=HU&item=1150&auth=Nagy%20L%C3%A1szl%C3%B3:%20&info=Eszm%C3%A9let%20foly%C3%B3irat,%2081.%20sz%C3%A1m%20%282009.%20tavasz%29

Letonia exige a Rusia 688 millones de dólares

En realidad es sólo la primera suma exigida, previsiblemente vendrán más. Letonia, agobiada por una crisis económica brutal, en vez de pedir ayuda a Rusia, como han hecho Islandia o Ucrania, ha preferido usar otro método, exigir compensaciones por la ocupación soviética (en realidad ya lleva varios años con el tema).  Los expertos letones han establecido la cifra total en unos 10 mil millones de lats, aunque por razones obvias, es una suma difícil de calcular.

República Socialista Soviética de Letonia en la URSS (Fuente: Wikipedia)

República Socialista Soviética de Letonia en la URSS (Fuente: Wikipedia)

Por lo demás sobre el asunto se plantean algunas dudas: la primera es que fue Rusia la principal culpable de la caída de la URSS, y evidentemente Rusia no es la URSS (aunque haya asumido las deudas externas de éste país, incluyendo las que provienen de la Letonia soviética, Rusia acabó de pagar estas deudas en el 2006), a fin de cuentas Letonia podría pedir el pago de esa deuda a países donde gobiernan los herederos del régimen comunista, empezando por Moldavia, donde hay un partido comunista en el poder y eso sin contar con que en la época de la ocupación de Letonia, la decisión fue tomada por un georgiano (Stalin), quizás podrían pedirle también  a Georgia una parte.

Bandera de la Letonia comunista (RSS de Letonia) - Fuente: Wikipedia

Bandera de la Letonia comunista (RSS de Letonia) - Fuente: Wikipedia

Algunos nacionalistas rusos van más allá y piden al gobierno ruso que exija compensaciones económicas a Letonia por la época comunista ya que fue uno de los lugares donde los bolcheviques eran más fuertes y la Guardia Letona fue fundamental en el triunfo de la revolución.

En Rusia no ha sentado muy bien la idea (como tampoco la de pagar toda la deuda soviética), en alguna ocasión Rusia ha manifestado la intención de que Letonia se haga cargo de su deuda externa anterior a la época soviética que se calcula en más de tres mil millones de dólares (para las tres repúblicas bálticas en conjunto). La cosa tiene su lógica porque Rusia asumió no solo las deudas soviéticas sino también las de la Rusia zarista (que los bolcheviques nunca tuvieron intención de pagar), por ejemplo entre el 1997 y el 2001 se pagaron 400 millones de dólares a Francia por ese concepto.

Es curiosa la manera en la que se ha esquilmado a Rusia desde la caída del comunismo por estos asuntos, dificultando aún más la recuperación del país, el caso es que, por ejemplo, Francia no ha pagado reparaciones de guerra a la URSS por su participación en la Guerra Civil Rusa, con lo cual el que Rusia asumiera en su día la deuda zarista, parece una maniobra para aprovecharse al máximo del árbol caído.

Respecto a las deudas soviéticas, otro tema diferente son las deudas internas entre las diferentes repúblicas, que también trae de cabeza a muchos, ya que estas deudas existían entre todas las repúblicas y es difícil de calcular su valor (sobre todo si tenemos en cuenta que muchas cosas eran asunto común, no dependientes del gobierno republicano). Ya anteriormente Letonia presentó reclamaciones contra varios países, ex-repúblicas soviéticas, como Kazajstán, Ucrania o Kirguistán (en este último caso Letonia reconoció que era él el deudor), pero es extremadamente difícil calcular la suma total, entre otras cosas por el cambio de valor de la moneda. El país que más dispuesto parecía a colaborar con Letonia en el asunto era Kazajstán, pero al final no se ha llegado  a nada. El problema es que si se diera un solo caso de que una ex-república pagara a otra, supondría una avalancha de peticiones entre repúblicas.

Fuentes: News2, Pribalt, Liter

Published in: on abril 29, 2009 at 14:26  Comments (2)  
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