¿Preparaba el mariscal Tujachevski el derrocamiento de Stalin?

El 22 de mayo de 1937, el mariscal Tujachevski, uno de los militares más importantes de la URSS, fue detenido acusado de conspiración militar trotskista y espionaje en favor de Alemania, es lo que se conoce como el Caso de la Organización Militar Trotskista-Antisoviética o también simplemente Caso Tujachevski. El 12 de junio de 1937 fue ejecutado junto a otros siete altos cargos militares (I. Yákir, I. Uborievich, A. Kork, R. Eideman, V. Putna, B. Feldman, V. Primakov). Otro de los inculpados, Yan Gamárnik, se suicidó días antes, tras conocer su acusación.

El mariscal de la URSS, Mijail Tujachevski

El mariscal de la URSS, Mijail Tujachevski

Tras el XX Congreso del PCUS, en el que Jruschov denunció a Stalin y su política, se consideró que las acusaciones eran falsas y en 1957 fueron rehabilitados.  Sin embargo, en los últimos años son cada vez más los que ponen en duda esta versión, fabricada por los revisionas jruschovianos dentro de la campaña contra Stalin.  Hay ya bastantes evidencias que echan por tierra la teoría de la falsificación, y por el contrario refuerzan la idea de que Tujachevski no era inocente.  Ante la evidencia, en occidente se ha extendido la idea de que todo habría sido un truco de la inteligencia alemana, que habría preparado pruebas de que estos altos cargos eran traidores, para que los propios soviéticos los quitaran de en medio. Sin embargo, los datos aportados por la historiografía rusa más bien parecen confirmar la idea de que Tujachevski efectivamente era culpable de los crímenes de los que fue acusado y era miembro de una conspiración bien real.

Tujachevski durante el juicio

Tujachevski durante el juicio, el 11 de junio de 1937

Dejo aquí un interesante artículo del periódico Komsomólskaya Pravda sobre la cuestión.

¿Preparaba Tujachevski el derrocamiento de Stalin?

David Genkin – Komsomólskaya Pravda, San Petersburgo

http://www.kp.ru/daily/26032.3/2948835/

(El 16 de febrero se cumplen 120 años del nacimiento del legendario líder militar soviético Tujachevski).
El 11 de junio de 1937 el periódico “Pravda” publicó una nota sobre el enjuiciamiento de altos cargos militares del Ejército Rojo, arrestados bajo la acusación de traición a la Patria. La lista era encabezada por el famoso mariscal de la URSS, Mijail Tujachevski. La tarde de ese mismo día todos los acusados fueron condenados a muerte y ejecutados.

Cuatro años después la URSS se vio inmersa en la Gran Guerra Patria. Así que muchos empezaron a pensar si  la depuración de este gran grupo de líderes militares no fue precisamente la causa de las severas derrotas iniciales del Ejército Rojo. Después surgió la teoría de que no existió ningún “conspiración de Tujachevski”. Sencillamente Stalin, que sufría de desconfianza paranóica, se tragó la falsificación que habían organizado los servicios secretos alemanes, a través del presidente checoslovaco Edvard Beneš.

El bromista de  Schellenberg

Sin embargo, materiales publicados parcialmente hace poco, del proceso cerrado sobre Tujachevski, y de su investigación, rebelan que el complot  ni por asomo fue inventado. – Nadie ha visto las así llamadas carpetas de Beneš -dice el historiador de servicios secretos Aleksandr Kolpakidi-. Y en el proceso judicial no fueron usadas. Esta versión surgió primero en las memorias del dirigente militar de los servicios de inteligencia del Tercer Reich, Walter Schellenberg (en la famosa serie “Diecisiete instantes de una primavera”, su personaje fue interpretado por Oleg Tabakov). Pero no hay base para creerlo. En primer lugar, a este señor le gustaban las “tomaduras de pelo”, en segundo lugar, tenía que mostrar al mundo el éxito de los servicios de inteligencia alemanes.  Además, hasta el 22 de junio de 1941 – fecha de la invasión alemana sobre la URSS, Walter Schellenberg no trabajaba en los servicios de inteligencia, y aunque los documentos existieran, no podía tener conocimiento de la existencia de las carpetas de Beneš [Nota del traductor – eso no es del todo cierto, ya que Schellenberg antes de esa fecha trabajaba en el contraespionaje alemán].

Además durante el proceso todos los acusados reconocieron su culpa. “El crimen es tan grave, que es difícil hablar de clemencia, pero pido a la audiencia que me crea, soy completamente sincero, no guardo ningún secreto ni ante el poder soviético ni ante el partido” – dijo en su última declaración Tujachevski.  Por supuesto los acusados pudieron mentir por las torturas. Pero hay otras pruebas de la realidad del complot. Por ejemplo los informes de los agentes en el extranjero del NKVD.

– En febrero de 1937 llegó el siguiente informe a Moscú desde Berlín, -cuenta el investigador Vladímir Bobrov-. El embajador de Checoslovaquia en Alemania ha informado al presidente Edvard Beneš, de por qué las negociaciones secretas entre los representantes de ambos países están estancadas. La cuestión es que en opinión de Adolf Hitler, tales negociaciones no tienen sentido, ya que en Rusia, en los próximos tiempos se va a producir un cambio de poder.

Salvar al país

A comienzo de los años treinta la oposición a Stalin en el partido cobró fuerza. Estaban descontentos por la colectivización, el abandono de la idea de la revolución mundial y el paso del poder desde las estructuras del partido a las estructuras del estado.

El complot se organizó en realidad en 1932. Al principio era muy variado y las figuras claves fueron los dirigentes del NKVD Genrij Yágoda, el Primer Secretario del Comité Ejecutivo Central Avel Enukidze y el político Nikolai Bujarin.

Durante la instrucción Tujachevski reconoció que había sido Enukidze quien le había introducido en la conspiración.

– Al mariscal le eran inherentes la ambición, el resentimiento, e incluso las intrigas, – dice la historiadora y escritora Yelena Prudnikova. – Por eso tenía frecuentes conflictos con sus colegas. En 1930 Tujachevski entregó al gobierno del país una nota sobre el rearme del Ejército Rojo. Stalin no tuvo la menor palabra de elogio sobre ella. Y Tujachevski se ofendió mucho.  Al poco tiempo se encontró con Enukidze en varias actividades sindiales. El secretario del Comité Ejecutivo Central, se compadeció del general, ambos criticaban el clima político del país y coincidían en la opinión de que Stalin llevaba el país a la catástrofe. Enukidze propuso a Tujachesvki incorporarse a la lucha contra “el régimen de Stalin”.

Como consecuencia, el así llamado partido de la guerra, se fue apartando de los políticos. A su dirección se alzó Mijail Tujachevski.

Escenarios del golpe

Los oficiales agrupados en torno a Tujachevski querían establecer en el país una dictadura militar, por cuanto el ejército era, en su opinión, la élite de la sociedad.

Según uno de los escenarios, existía un plan de derrota en la guerra en ciernes con Alemania. Se proponía el derrocamiento de Stalin y la firma de la paz.  Seguramente con las condiciones del enemigo.

Según un segundo escenario, el golpe se produciría en tiempos de paz a través de la desaparición de miembros del entonces gobierno soviético.

Stalin y su círculo supieron de la existencia del complot ya en invierno de 1937. En primavera Bujarin, Yagoda y Enukidze fueron arrestados. En el pleno de febrero-marzo del CC del PCUS, el comisario del pueblo para la defensa, Voroshílov, anunció por primera vez que en el Ejército Rojo actuaba una organización enemiga.

Para mayo de 1937 quedaban en libertad solo Tujachevski y algunos de sus colaboradores de las altas esferas.

Entonces Tujachevski entendió que no podía contemporizar más. Muchos especialistas coinciden en la opinión de que el golpe había sido fijado para el 1 de mayo: el desfile militar permitía llevar al ejército a Moscú sin levantar sospechas. Sin embargo el 7 de abril el Politburó decidió enviar a Tujachevski a Londres  para la coronación de Jorge VI. La ceremonioa había sido fijada para el 12 de mayo. El mariscal aplazó tres semanas la fecha del golpe.

Pero a mediados de abril en el Kremlin supieron de la amplitud del complot. El 22 de abril, por “razones de seguridad”, se anuló el viaje de Tujachevski.

El 1 de Mayo las autoridades iniciaron en Moscú una campaña de seguridad sin precedentes: todos los pases para el Kremlin fueron reemplazados, francotiradores se situaron en el tejado del GUM, Voroshílov llevaba un revolver mientras se dirigía a la tribuna del Mausoleo. Pero por alguna razón Tujachevski no quiso volver a la fecha inicial del golpe.

Los arrestos continuaron, incluso el mismo mariscal fue apartado del puesto de vicepresidente el consejo del pueblo de defensa y fue nombrado comandante del distrito militar de la zona del Volga. Cuatro días después, Stalin recibió al militar en el Kremlin.

– Tujachevski quería aclarar porqué habían sido arrestradas su mujer y su adjunto – afirma el historiador Serguei Minakov. – Stalin dijo que estaban detenidos por sospechas de espionaje. Era una comprobación, y para el mariscal era mejor permanecer lejos de Moscú en ese momento.

El 22 de mayo fue arrestado el propio Tujachevski.

Los amos del mundo.

Y ahora, hablemos de un tercer escenario del golpe. Entre los altos cargos oficiales de la URSS y Alemania se desarrollaron fructíferas relacciones desde los años 20, en la URSS fueron adiestrados militares alemanes, de hecho fue aquí donde resurgió el ejército alemán: el tratado de Versalles prohibía a los alemanes este tipo de actividades.

Tras la llegada de los nazis al poder en 1933 la colaboración se rompió. Pero los contactos entre militares siguieron. Entre los alemanes había no pocos “orientalistas”  – altos jerarcas opuestos a Hitler y que no deseaban una guerra contra la URSS.

En opinión de numerosos historiadores, en los años 30 se produjo el así llamado doble complot. Se suponía que en la URSS y Alemania practicamente al mismo tiempo serían eliminados Stalin y Hitler, y en ambos países se establecería una dictadura militar, aliada una de la otra. Una alianza de tal calibre no habría podido ser derrotada por el resto de los ejércitos del mundo.

Sobre Tujachevski

Mijail Nikoláievich Tujachevski nació el 16 de febrero de 1893. Su padre era un noble empobrecido, su madre una campesina. Tras acabar la escuela militar sirvió en el Regimiento Semiónovski [uno de los más antiguos de Rusia, su origen se remontaba al siglo XVII]. Durante la Primera Guerra Mundial fue hecho prisionero. En 1918 entró en el Ejército Rojo, donde hizo una carrera meteórica. Dirigió en todos los frentes, participó en la derrota de Kolchak y Denikin. Aplastó brutalmente el levantamiento de Kronshtadt y la rebelión en la provincia de Tambov. En los años 20-30 ocupó distintos puestos en la dirección del ejército. El 11 de junio de 1937 fue ejecutado.

PREGUNTA

Y si el plan hubiera salido bien…

La historia no conoce  el modo subjuntivo. Pero todos podemos intentar imaginar por qué camino habra ido nuestro país si en 1937 los conspiradores militares hubieran podido hacer triunfar sus planes.

– Tujachevski no habría podido mantener el poder, habría empezado un sangriento enfrentamiento entre todos – afirma Yelena Prudnikova.- Se habría repetido la situación de 1917-1918, cuando tras la destitución del emperador, en Rusia estalló la Guerra Civil.

Concuerda con ella Vladímir Bobrov:

– En opinión de muchos observadores internacionales el apartamiento de Stalin habría llevado a la URSS a la desintegración, con todas las consecuencias que emanarían de ello.  Y si durante Stalin la represión fue masiva, en un gobierno de Tujachevski habría sido mucho peor…

Además de esto, si hubiera crsitalizado el tercer escenario, tarde o temprano Alemania y la URSS se habrían puesto de acuerdo en la lucha decisiva por el gobierno mundial.

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Sello sobre Tujachevski en la URSS (1963)

Sello sobre Tujachevski en la URSS (1963) – Fuente

En la página del periódico hay un documental sobre la cuestión, lamentablemente solo en ruso. Su título “El bonaparte ruso. La guerra secreta del mariscal Tujachevski”. También se puede ver aquí:

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Mitos estonios sobre la “ocupación soviética” – 1ª Parte

Texto del historiador ruso A. Dyukov:  “Эстонские мифы о ‘советской оккупации'”, editado en su blog:  http://a-dyukov.livejournal.com/56263.html (son apuntes sobre el libro homónimo del mismo autor). Nota:  esto no es la traducción exacta, sino solo un resumen de la primera parte del texto).

El periodo de junio de 1940 al verano de 1941 es llamado en la historiografía estonia “Primera Ocupación Soviética”. Según la versión oficial actual estonia, que no es más que mera propaganda, tras la incorporación del país a la URSS, se desató una campaña de terror contra la población local.

Los historiadores estonios establecen la siguiente división de los acontecimientos de esa “primera ocupación soviética”:

– represión desde la inclusión de Estonia en la URSS hasta la deportación de junio de 1941.
– deportación de junio de 1941
– represión durante los primeros meses de la guerra hasta la ocupación del ejército alemán

Veamos un poco en detalle estos tres periodos.

1. Hasta la deportación de junio de 1941.

Los historiadores cuentan todo tipo de masacres, fusilamientos, arrestos masivos, etc. Se caracterizan por un carácter masivo. Tienen como objetivo exterminar a la élite nacional estonia y mantener a la sociedad en el terror. A nivel oficial, en Estonia se habla de “Genocidio del pueblo estonio” (así aparece en el “Libro Blanco”).

Sin embargo los propios datos de los historiadores estonios no cuadran mucho con el término “genocidio”. Según el propio Mart Laar, historiador y primer ministro en dos ocasiones, durante el primer año de ocupación fueron arrestadas unas 8 mil personas. De ellas 1950 fueron condenadas a muerte (todavía en Estonia).

Pero hay otros datos y no concuerdan con estos. Por ejemplo en el trabajo “Reseña del Periodo de la Ocupación”, distribuido por la página web del Museo de la Ocupación de Estonia, se habla de 1000 personas arrestadas en 1940 y de unas 6000 en 1941. La gran mayoría de ellas fueron declaradas culpables y enviadas a campos a otros territorios de la URSS, donde morirían en su mayoría o serían ejecutadas.

Según esos mismos datos, en 1940 250 personas fueron condenadas a muerte en Estonia. Y en 1941 lo fueron 1600.

Como vemos, los historiadores estonios aceptan un número de entre 7-8 mil detenidos y de ellos 2 mil condenados a muerte.

Perdón, pero eso no es una represión masiva. Y ni mucho menos genocidio. Que a detener durante un año al 0,6 o 0,7% de la población lo llamemos genocidio no deja de ser cuanto menos una exageración brutal.

Pero es que además los datos que manejan los historiadores estonios son también muy exagerados. Podemos comparar esos datos con los que se encuentran en el Fondo de los Archivos del NKVD-MGB.

Veamos en primer lugar los condenados a muerte. Según los historiadores estonios entre 1940-41 fueron alrededor de 2000 en Estonia. Sin embargo, según los estudios del historiador Oleg Mozojin en 1940 en toda la URSS fueron condenados a muerte 1863 personas. En 1941 ese número subió a 23786, de ellos 8 mil lo fueron por motivos políticos. Pero hay que tener en cuenta que la gran mayoría de las condenas a muerte de 1941 tuvieron lugar después de la invasión nazi.

Si calculamos solo los condenados a muerte en toda la URSS durante el periodo de la “primera ocupación soviética de Estonia” (junio 1940-julio 1941), encontramos que la cifra de condenados a muerte en toda la URSS oscila entre 2 y 3 mil.

Parece difícil de creer que todos fueran estonios. Sobre todo si tenemos en cuenta que junto a Estonia, también hubo procesos similares en Lituania y Letonia y también se incorporó a la URSS Ucrania Occidental y Besarabia. ¿O acaso en todas las demás repúblicas de la URSS, a excepción de Estonia hubo una moratoria en la pena de muerte?

Las cifras que muetran los historiadores estonios no son fiables. De hecho en su mayor parte son absurdas. Y hasta los propios historiadores estonios lo perciben así, de hecho en el mencionado trabajo colectivo “Reseña del Periodo de Ocupación” se mencionan también cifras mucho más lógicas. Por ejemplo se menciona que las condenas a muerte en Estonia en 1940-41 no fueron los juzgados civiles los que las impusieron, sino los tribunales militares, en un principio solo el tribunal de la Región Militar de Leningrado, y después el Tribunal Militar del NKVD de la Región del Báltico. Además junto a esto, también actuó el Consejo Personal del NKVD de la URSS. En total, entre 1940 y 1941 en Estonia según los datos de los diversos tribunales locales, solo fueron condenados 300 personas, la mitad de las cuales lo fueron además después de la invasión alemana. Con lo cual los propios autores del “Reseña” considera que en Estonia, desde junio de 1940 hasta julio de 1941, fueron condeandos a muerte 150 personas. El autor, Dyukov reconoce que no sabe si esa cifra es correcta o no, ni de dónde ha salido realmente, pero dice que es bastante más lógica que las otras cifras que se dan, porque no contradicen los resultados totales.

Por supuesto se encontrará gente que dirá que la ejecución de 150 inocentes es un crimen, un crimen del que es culpable el Kremlin. Pero a esa gente se le pueden decir dos cosas. En primer lugar que la diferencia entre 150 ejecutados y 1950 es abismal. Y de hecho, si no existiera esa diferencia los historiadores estonios no tendrían que falsificar las cifras. Y en segundo lugar ¿quién ha dicho que sean inocentes?

NO quiero entrar en la discusión de si hubo condenas a muerte en la URSS a inocentes (estoy seguro de que las hubo), ni de cuántos de los ajusticiados fueron inocentes o culpables. Tengamos en cuenta solo quiénes fueron condenados por los tribunales militares soviéticos en Estonia. Esto podemos hacerlo gracias a los historiadores estonios, que en el 2006 publicaron en Tallinn el libro “Estonia 1940-45”, en el que aparece una lista bastante detallada, aunque cierto que incompleta, de las personas que fueron condenadas a muerte.

Por ejemplo tenemos el caso de dos estonios, condenados el 11 de diciembre de 1940 a pena capital por el el tribunal militar PribOVO, se trata de Aleksandr Pilter y Velo Vesiloo. Ambos nacidos en 1919, ambos participantes en la organización territorial local número 22 del Ejército Rojo. Desertaron e intentaron huir a Finlandia. ¿Cómo podemos decir que no son culpables?

Otro caso: Vladímir Lebedev, condenado el 5 de enero de 1941. Oficial blanco, combatiente en el ejéricto de Denikin, y desde 1932 confidente de la policía secreta estonia en Petseri. ¿También este era inocente?

Arved Laane, comandante de la unidad 42 de fusileros del cuerpo 22 del ejército estonio. Robó 5000 koronas, intentó ocultarse, pero fue arrestado en un restaurante. ¿Otra ovejita inocente?

Piter Taranado, antiguo oficial del ejército zarista, después de la revolución, comandante de la 2 Unidad de Petrogrado del Ejército Rojo. Se pasó a los blancos y luchó en el ejército del general Yudenich, en Estonia colaboró con la policía política local y en la época de la Guerra Ruso-finesa, 1939-40 se preparó para pasar a Finlandia para luchar contra los bolcheviques.

Evald Madisson, agente secreto de la policía secreta estonia y después de la incorporación de Estonia a la URSS, colaborador secreto de la NKVD. Ocultó a la NKVD que había trabajado en la policía política secreta. Además entregó falsas informaciones a su jefe de la NKVD.

Jans Pedak, combatiente estonio, caballero de la Cruz de la Libertad. En el periodo de la denominada “Guerra por la Independencia”, en 1919, comandó una unidad que se encargaba de fusilar a los soldados del Ejército Rojo capturados.

Yo (Dykov) he citado solo una página de la lista, pero la imagen que queda está clara. En primer lugar, no todos los fusilados (ni detenidos) eran estonios. Lo cual desmonta cualquier concepción sobre el “genocidio”. En segundo lugar considerar estos ajusticiamientos como arbitrarios y sin fundamento, es, cuando menos, bastante complicado.

(Fin de la primera parte, cuando pueda iré posteando las siguientes)

La manipulación de la historia y el culto al nazismo en el Báltico (a propósito de un libro)

Un interesante artículo de la revista húngara “Eszmélet” (ya mencionada en alguna ocasión en este blog), en el que con la excusa de la crítica a un libro de historia, se nos muestran los intentos de manipular la historia en los países bálticos, llegándose incluso al punto de justificar el nazismo, como contraposición a la brutal demonización de la URSS.

El libro en cuestión es “The Anti-Soviet resistance in the Baltic States”. Vilnius. Genocide and Resistance Research Centre of Lituania. 2006. Y fue editado en su día con la colaboración de varias instituciones “científicas” de los tres países bálticos.

El autor del artículo húngaro es László Nagy y el título del texto es: “La historia castrada. El síntoma de la weimarización báltica”. Y se puede encontrar aquí, en la página de la revista Eszmélet, en versión original. El artículo fue publicado en el número 81 de la citada revista, primavera del 2009.

He aquí un resumen del artículo:

¿Cómo se vuelve propaganda la ciencia de la historia? Esta cuestión se plantea ya sea intencionadamente o no al leer el volumen de estudios históricos publicados en inglés y dirigido a los países occidentales, por uno de los institutos de historia lituana más destacados: El centro de investigación de la Resistencia y el Genocidio Lituano. La edición, con el título “La resistencia antisoviética en los estados bálticos” es uno de los síntomas de la actividad destructora de la identidad que refuerza el olvido colectivo y la memoria selectiva, y refleja la simplificación de pensamiento público y de visión de la historia tras la caída del comunismo.

(…)

El volumen, que analiza a grandes rasgos la historia de las repúblicas soviéticas bálticas y la resistencia antisoviética, sencillamente ni siquiera tiene en cuenta la ocupación alemana y la resistencia antifascista. Si lo hiciera, inmediatamente se vendría abajo toda su “heroización” de los movimientos antisoviéticos.

[El libro ha sido escrito por importantes historiadores], solo se sale de la lista Mart Laar, que escribe sobre los “hermanos del bosque” estonios, primer ministro de la República de Estonia. Entre todos los autores, Laar es el único que ha “olvidado” escribir las fuentes en las notas a pie de página. Como político le podría ser perdonable, pero Laar ya dice al principio que ha sido el autor del primer trabajo global sobre el movimiento de los Hermanos Del Bosque (publicado en 1992 en estonio en Tallinn) (…). Otro de los problemas que se plantea es que sus fuentes se basan en conversaciones y recuerdos de ciertas personas, y también en uso de ciertos materiales de archivo. La historia oral es un hecho indispensable para alcanzar el mayor grado de objetividad, pero exige, en cualquier caso una postura crítica, y solo entonces es de verdad efectiva. Sin embargo, por desgracia, en el escrito del primer ministro falta una crítica seria de las fuentes.

(…)

El estudio mas completo es sobre la historia de Letonia, aunque la parte más extensa es sobre Lituania, casi la mitad del libro. Solo en el caso de Letonia se habla de la ocupación alemana (por Vineta Rolmane, de una universidad letona), así como de la relación entre la iglesia católica y la resistencia antisoviética, que trata hasta 1990. El bloque temático lituano solo lo trata hasta 1967 y en el caso de Estonia, no sabemos nada de la actividad del clero en el movimiento de resistencia antisoviética.
(…)

Cuando se habla de la oposición contra el régimen soviético en Lituania, Arvydas Anasaukas plantea un extenso estudio de las fuentes … pero solo de las que le interesa. Por ejemplo no menciona obras que contradicen la imagen del movimiento de resistencia que él quiere dar, por ejemplo “El libro negro desconocido”, publicado en la época soviética, editado por Ilia Érenburg y que documenta la eliminación sistemática de la población judía de los territorios soviéticos por los alemanes. La fuente de todos los males es la dictadura “comunista”. Y calla que los guerrilleros anticomunistas asesinaron de la manera más brutal e inhumana a casi toda la población judía y gitana del Báltico.

El autor no se pasa al bando del antisemitismo abiertamente, pero no menciona los crímenes nazis – no al nivel que debería teniendo en cuenta su gravedad. Es más, cuando compara los dos regímenes, el nazi sale mejor parado. Sería de esperar que los autores del volumen rechazaran y criticaran el salvajismo de la resistencia. Pero parece que los nuevos estados nacionales de Europa Oriental han encontrado en la oposición de extrema derecha, filofascista y “nacional” su ideología legitimadora.

La colección de artículos solo valora la ocupación alemana como el daño a la independencia nacional de los estados bálticos, sin mencionar siquiera la liquidación de la población judía o gitana.

El primer texto, de Valentinas Brandisauskas parece incluso justificar la organización filogermana lituana creada en 1940 en Berlín, el LAF (Frente de Activistas Lituanos), y a su milicia creada en 1941, el TDA (Defensa del Trabajo Nacional). Primero mostrando que su objetivo principal era la liberación de Lituania, y en segundo lugar, que sus miembros pertenecían a un amplio espectro político, desde la socialdemocracia hasta la extrema derecha. Pero el autor olvida que muchos comunistas y socialistas se unieron al movimiento nacionalsocialista y desde ese momento daba igual cual hubiera sido su pasado, sino que lo importante es lo que hicieron en esa época sangrienta.
Cuando caracteriza al dirigente de la LAF, Kazys Skirpa, se menciona que su tesis principal era que solo Alemania sería capaz de liberar Lituania de la ocupación bolchevique. Skirpa creía en el eslogan nazi de la reorganización de Europa tras la guerra. Y pensaba que la restauración del estado lituano estaba unida a los objetivos nazis. Tanto en sus declaraciones, como en sus programas podían verse sus principios: culto al dirigente, nacionalsocialismo, alejamiento de los judíos de la vida política y económica, etc. Pero no considera que el antisemitismo de Skirpa fuera algún crimen. Mientras que menciona positivamente las acciones antisoviéticas y de desarme de las unidades del Ejército Rojo en junio de 1941, en el momento del ataque alemán, no menciona ni un solo pogrom contra los judíos o gitanos.

La población judía lituana fue eliminada casi en su totalidad. Para finales de 1941 quedaban solo 40 mil judíos de 220 mil, y todos encerrados en guetos, y después, en 1943-44 fueron asesinados al hacer explotar los guetos, o deportados a campos de concentración. Así, finalmente solo 8 mil judíos lituanos sobrevivieron a la guerra. Viktor Kutorga, médico oncólogo y antifascista, menciona la tragedia que se vivió en Vilnius los primeros días, en junio de 1941, en “El desconocido libro negro”. “Los guerrilleros irrumpieron en las casas de los judíos, asesinaron a los hombres, a las mujeres y a los niños y luego robaron los bienes de las víctimas. El 30 de junio, en un solo día, en la fortaleza de Vilnius fueron asesinados 5 mil judíos, principalmente intelectuales. Los verdugos aquí fueron lituanos, elegidos por los alemanes para la tarea. Obligaron a los judíos a desnudarse, a que se tumbaran en el suelo y luego disparaban ráfagas de ametralladora sobre ellos. (…) El 29 de octubre, en el gueto de Kaunas, donde había 28 mil judíos, pusieron en marcha a las 5 de la mañana a 10 mil hombres, a la novena fortaleza, donde fueron todos asesinados al día siguiente. Especialmente afectó a los intelectuales. (…) Cualquiera que pasaba por allí podía ver los fusilamientos.

En otoño de 1943 soldados húngaros y de las SS tomaron la tarea de acabar con los judíos que quedaban. El 27 de octubre de 1943 los alemanes eligieron a 3.500 mujeres junto con sus hijos y los llevaron a la estación. Allí separaron a los hijos de las madres y los envenenaron. Los niños murieron allí, a la vista de sus madres. Luego golpearon a las madres y las torturaron, por ejemplo clavándoles agujas ardiendo bajo las uñas. Cuando perdían el conocimiento las colgaban de un árbol. Pero tenían cuidado de que no murieran, si veían que estaba a punto de morir las bajaban. Al día siguiente quemaron en la hoguera a los padres. Desnudaron a las madres y siguieron torturándolas.

Junto a los alemanes y sus aliados (entre ellos húngaros), también la población local se encargó de exterminar a los gitanos. De los 300 mil gitanos exterminados en los territorios soviéticos, 10 mil lo fueron en Lituania, lo que representaba la práctica totalidad de la población gitana de Lituania. Hasta hoy en día Hungría, por ejemplo, no ha pedido perdón por los judíos y gitanos exterminados, de hecho ni siquiera es algo conocido por el público.

También la letona Vineta Rolmane hace incapié en la ocupación alemana, sin examinar los crímenes de guerra y contra la humanidad. El ministro imperial (Ostminister) de los territorios ocupados orientales (Ostland), era el famoso teórico de la teoría de las razas, Alfred Rosenberg, supeditado a él estaba Otto Dreschler, Comisario General de Letonia. Aquí, después de que la población aceptara la llegada de los alemanes con alegría, rápidamente se hizo dominante el rechazo hacia los nazis (eso dice Vineta). La actividad de los guerrilleros que luchaban contra los comunistas está justificada como la justa revancha frente a los agravios. Con eso el libro deja atrás el mínimo democrático, que considera la victoria de los aliados frente a los nazis un hecho indiscutiblemente positivo. Además de callar el hecho del holocausto, describe los diferentes grupos antifascistas, que por la falta de una coordinación común, no podían volverse efectivos (el círculo de demócratas civiles dirigido por el profesor Konstantins Cakste, creado en 1941, Partido del Centro Democrático; el Partido Obrero Socialdemócrata Letón, que realizaba actividades ilegales desde febrero de 1942; el Consejo Central Letón, creado en agosto de 1943 por representantes de partidos democráticos prohibidos; el grupo de resistencia surgido en el ejército, del general Janis Kurelis; la revista Tautas balss, editada por la Unión Nacionalista Letona; la agrupación Jaunpulki -Nuevo Ejército – de 50 jóvenes de entre 15 a 18 años que funcionó desde abril hasta julio de 1942).

Rolmane calla que de 70 mil judíos letones apenas 4 mil sobrevivieran la guerra. En los primeros meses de guerra, fueron liquidados 30 mil judíos por los Eisatzgrupp, luego en octubre de 1941, a los sobrevivientes los internaron en el gueto y hasta finales de año fueron asesinados otros treinta mil. A finales de 1943 se cerró el gueto y sus habitantes fueron llevados a Salaspils, y más tarde al campo de concentración de Stutthof.

El conmovedor relato del Holocausto letón está reflejado en el diario de la niña judía de 15 años Sejna Gram, de Preili, y también se puede encontrar en el Libro Negro Desconocido. Los 1500 judíos de la pequeña localidad de Preili fueron exterminados casi en su totalidad. Solo 6 sobrevivieron la guerra. El 9 de agosto de 1941 los nazis ejecutaron a la familia de Gram.

En Rezekne hubo un exterminio similar por parte de los ocupantes. Sobrevivieron 3 judíos de los 6 mil de antes de la guerra. Cuatro días antes de la llegada de las tropas del Ejército Rojo los alemanes quemaron o hicieron explotar más del 70% de los edificios de piedra de la ciudad.

(…)

De los países bálticos, en Letonia era donde el porcentaje de gitanos era mayor, casi todos ellos fueron exterminados. (unos 2500).

Cuando llegó la noticia del ataque alemán a la URSS, los “Hermanos del Bosque” se ocultaron en los bosques de Estonia y comenzaron la lucha contra el Ejército Rojo. Tiit Noormets, consejero de la Sección de Investigación y Publicación del Archivo Estatal Estonio, lo documenta en su estudio, sin embargo calla el holocausto. En Estonia el porcentaje de judíos era pequeño, había unos 5 mil, de ellos solo quedaban mil cuando el Ejército Soviético volvió a recuperar la región. La mayoría fueron ejecutados.

Los mil gitanos de Estonia fueron exterminados. En total, durante la ocupación alemana fueron asesinados 6 mil personas, judíos, gitanos y comunistas o simpatizantes.

Un porcentaje importante de la opinión pública de los Países Bálticos hoy en día no quiere ni darse cuenta de la existencia del Holocausto. Cuando el periódico Eesti Paevaleht organizó una encuesta sobre la cuestión, en la pregunta de si apoyaría que se estableciera un día en recuerdo de las víctimas del holocausto, el 93% respondieron negativamente. Solo un 7% lo aprobó.

El grado de la solidaridad social por los criminales de guerra nazi lo demuestra el hecho de que después de la caída del comunismo, ni siquiera en un caso alguno de ellos ha pagado por sus crímenes. Contra doce emigrantes lituanos en los EEUU, criminales de guerra, se inició un proceso judicial, pero 11 de ellos regresaron a Lituania con la caída del comunismo, entre ellos Alaksandras Lileikis, un alto cargo de la Policía Secreta Lituana (Saugumas), y su suplente, Kazys Gimzaukas.

El juicio solo pudo comenzar cuando por su estado físico ya no podían presentarse ante el tribunal. El primero murió antes de concluir el juicio. El segundo fue condenado, pero debido a su mal estado de salud no cumplió la condena.

Tras la caída del comunismo, en 1991, el gobierno lituano ha perdonado a numerosos criminales nazis perseguidos por el Centro Simon Wisenthal.

Del 36 Escuadrón de Seguridad Estonia, que en agosto de 1942 participó en la matanza de Novogrudok, en Bielorrusia, quedan vivas aún 16 personas, que fueron condecoradas por sus actos en diciembre de 1942. La Oficina de Policía de la Seguridad el Estado rechazó la petición del Centro Simon Wiesenthal para juzgarlos afirmando que no había pruebas para hacerlo, rechazando la opinión del Tribunal Internacional Estonio para la Investigación de Crímenes contra la Humanidad y del único testigo sobreviviente.

En la opinión pública de los países bálticos dominan dos grandes errores:

1. De entre los crímenes nazis y comunistas, los segundos son más graves. No se pueden perdonar los crímenes de los segundos y todos los días hay que recordarle a la sociedad la tragedia.

2. Los judíos son los enemigos de la nación y se los considera a todos comunistas.

El ejemplo más evidente de esta esquizofrenia nacional es Tomas Venclova, poeta lituano que vivió mucho tiempo en la emigración, historiador de la literatura, lingüista, dramaturgo, ensayista y traductor. Su padre, Antanas Venclova, fue un alto funcionario de la época comunista, consejero del pueblo de educación, uno de los escritores más destacados del país, autor del realismo socialista. Tomas ha rechazado hasta tal punto su pasado comunista que en muchas cuestiones sus ideas son nazis. Y Tomas dice también que “no envidio a los dirigentes lituanos de la época, a los que la historia les ofreció solo la posibilidad de poder elegir etre Hitler, Stalin y la muerte.

(…)

La ciencia histórica ha sobrepasado sus propias fronteras, se ha hundido al nivel de la propaganda política y no vemos que ese caída pueda ser detenida. No se distinguen los rasgos de una escritura de la historia objetiva que pudiera salvar la ciencia de la trampa de la weimarización.

http://www.eszmelet.hu/index2.php?act=period〈=HU&item=1150&auth=Nagy%20L%C3%A1szl%C3%B3:%20&info=Eszm%C3%A9let%20foly%C3%B3irat,%2081.%20sz%C3%A1m%20%282009.%20tavasz%29

El Katyn silenciado (I)

El 24 de mayo del 2008 se publicó en la revista Rzeczpospolita un interesante artículo del escritor polaco Rafal A. Ziemkiewicz sobre los conflictos polaco-ucranianos y las matanzas de polacos por parte de los nacionalistas ucranianos que tuvieron lugar en la zona de Volinia en 1943.

Hace tiempo escribí para un foro un resumen de dicho artículo que encontré en un portal de noticias húngaro. Me ha parecido bien, ponerlo aquí también, con algunos cambios menores.

El autor afirma que es difícil creer que las autoridades polacas busquen la justicia y la verdad cuando hablan de Katyn, ya que al mismo tiempo no buscan esa justicia y esa misma verdad en el conflicto polaco-ucraniano. Este año (2008) se cumplen los 65 años de las matanzas de Volinia en 1943, en la que nacionalistas ucranianos masacraron a la población polaca, judía, checa y a los “colaboracionistas” ucranianos de la zona. Las matanzas comenzaron en realidad en el 42, alcanzaron su punto máximo en el 43 y no se detuvieron hasta la llegada del Ejército Rojo.

Se calcula que más de 60 mil polacos (estimaciones a la baja) murieron a consecuencia de la limpieza étnica. La represión alcanzó a familías enteras, también edificios e iglesias fueron destruidos.

El autor denuncia que, curiosamente, esta es la única matanza antipolaca que los polacos se empeñan en no recordar. Critica que los polacos reaccionen tan vehementemente cuando los rusos no reconocen como limpieza étnica la matanza de Katyn o cuando los alemanes relativizan los crímenes contra los polacos en la 2GM, pero cuando se trata de las matanzas de Volinia, su reacción es mucho más tibia, porque consideran que esos crímenes son una respuesta justa y “simétrica” y que ninguna de las partes es responsable. Ninguno de los gobiernos polacos se diferencia en la valoración de este asunto.

El autor considera que este punto de vista se contradice con los hechos y es incomprensible.

A esto, hay que añadir, que hoy, justo el 65 aniversario de las matanzas, el ayuntamiento de la ciudad de Lvov (Ucrania), dominado por los nacionalistas ucranianos ha decidido cambiar el nombre a una de sus calles, y así la calle Turgueniev llevará el nombre de “héroes de la UPA”. Según el autor, eso es simplemente una vergüenza.

No existe ninguna “simetría” entre los crímenes de la UPA (la Armada Insurgente Ucraniana, creada precisamente en Volinia) y los de la Armia Krajowa (el movimiento de resistencia polaco), ya que ni había guerra ni conflictos étnicos entre ellos, sino simplemente limpieza étnica por una de las partes. El fundador de la OUN (Movimiento Nacionalista Ucraniano, el brazo político de la UPA), Dmytro Dontsov era un admirador de Hitler y consideraba necesaria la limpieza étnica de Ucrania. Según los escritos que se conservan de Dontsov, no sólo era necesario para la creación de la Gran Ucrania exterminar a las minorías étnicas, sino también a los “malos ucranianos”. Se calcula que la UPA-OUN exterminó a entre 10 mil y 15 ucranianos en Volinia (principalmente colaboradores con las autoridades soviéticas o sospechosas de haberlo hecho).

Otro aspecto a tener en cuenta es la brutalidad de las masacres que cometieron los miembros de la UPA-OUN, se dio incluso el caso de que dos caballos tiraran en direcciones opuestas de una persona, hasta destrozar su cuerpo, extirpación de ojos y lenguas, incrustación de clavos en el craneo, descuartizamientos o extración de fetos de mujeres embarazadas.

Frente a esto, es cierto que también los polacos asesinaron ucranianos, pero no en tal medida ni con tanta crueldad.

En la actualidad en Ucrania se intenta mostrar a la UPA-OUN como una organización honorable que luchó tanto contra los comunistas como contra los nazis. Los ucranianos deberían decidir a quién consideran héroes, si a a los cumpables de matanzas en masa o a las víctimas de los asesinos.

Para Ziemkievicz es una vergüenza el punto de vista oficial del gobierno polaco, que cierra los ojos ante las mantanzas de la UPA.

(Rafal A. Ziemkiewicz: Mysmy wszystko zapomnieli. El artículo original se puede leer- claro está en polaco en: http://www.rp.pl/artykul/125944.html).
(el texto que he incluido es un resumen de la versión húngara http://www.posztinfo.hu/hir.php?id=3292)

Se supone que en toda Ucrania (entonces bajo mando de la Alemania nazi) habrían muerto entre 100 mil y 500 mil polacos, dependiendo de los autores. También habrían muerto 60 mil ucranianos asesinados por los polacos, de ellos unos 20 mil en la región de Volinia, aunque las cifras son discutibles.

Por lo visto, en junio del 2009 el gobierno polaco adoptó una resolución calificando las matanzas de “limpieza étnica con rasgos de genocidio” (información de la wikipedia– no sé si es cierto ya que el enlace que se adjunta como fuente no funciona).

NOTA: Galería fotográfica en Fundacja Centrum Dokumentacji Czynu Niepodległościowego. Más fotos aquí. Yo no las incluyo aquí porque hay algunas muy fuertes, por cierto, muchas de ellas, por ejemplo la última, las he visto en páginas donde se afirmaba que eran víctimas de la represión comunista. Resulta que son víctimas de la represión nacionalista ucraniana…

El gobierno de Polonia tenía planes de desmembrar la URSS en vísperas de la II Guerra Mundial

(actualizado el 4 de septiembre)

Interesante artículo de la Agencia RIA Nóvosti:

01/ 09/ 2009

Moscú, 1 de septiembre, RIA Novosti. Los dirigentes polacos que estaban en el poder en vísperas de la Segunda Guerra Mundial planeaban desmembrar la Unión Soviética avivando ánimos separatistas en el Cáucaso, en Ucrania y en Asia Central, declaró hoy el general del Servicio de Inteligencia Exterior (SVR) de Rusia, Lev Sotskov.

“Entre los materiales desclasificados hay documentos del Estado Mayor del Ejército polaco que confirman que dentro de esta entidad funcionaba una estructura especial que se dedicaba al trabajo con las minorías étnicas en el territorio soviético”, dijo Sotskov, autor de la antología, titulada “Secretos de la política polaca.1935-1945”, que contiene en particular, cartas de políticos, conversaciones de embajadores, reportes de agregados militares, telegramas de legaciones diplomáticas y otros materiales que “desvelan los planes secretos de Polonia de cara a la guerra”.

Según el general, el Estado Mayor polaco se fijó los objetivos de desestabilizar la situación en Ucrania, en el Cáucaso y en la región del Volga para desmembrar la Unión Soviética y destruirla.

“Los servicios secretos polacos crearon a tales efectos una organización bautizada como ‘Prometeo’ con sede en París y gobernada desde Varsovia”, reveló Sotskov a RIA Novosti.

El general precisó que la Inteligencia soviética tenía una buena red de agentes en Varsovia en vísperas de la guerra y recibía valiosa información y documentos secretos desde el Ministerio de Exteriores y el Estado Mayor de Polonia.

Según Sotskov, una buena parte de tales documentos se publica por primera vez.

En el momento actual la falsificación de la historia en Polonia adquirió el rango de política de Estado, afirmó el general y añadió que el Gobierno polaco “tergiversa las experiencias históricas” para responsabilizar únicamente a la URSS y a la Alemania nazi del inicio de la Segunda Guerra Mundial.

“No cabe duda de que también Polonia es culpable en parte del desencadenamiento de la guerra y por eso ahora se hacen los intentos de tergiversar los hechos históricos”, destacó Sotskov.

Según sus palabras, la política de los dirigentes polacos que optaron por cooperar con la Alemania nazi resultó fatal para el pueblo polaco, pues la postura asumida por las autoridades de Varsovia de cara a la guerra descartó la posibilidad de formar una coalición antinazi en aquellas fechas.

El general dijo que durante las visitas de Goering a Varsovia en 1935 y 1937 las partes acordaron que Polonia apoyaría los proyectos alemanes de rearme y de anexión de Austria.

“Goering, en una plática con el mariscal polaco Rydz-Smigly, declaró que representan amenaza ‘tanto el bolchevismo como Rusia’  y en este sentido los intereses de Polonia y Alemania coinciden”, informó Sotskov.

La liquidación de Polonia como un país soberano y la incorporación de su territorio en el Tercer Reich “es el precio que pagaron los políticos polacos por su política miope”, concluyó el general.

El artículo no menciona un dato importante que refuerza todavía más lo que se afirma de Polonia, y que, por cierto, se tiende a olvidar estos días que tanto se habla del pacto Molotov-Ribbentrop: que Polonia colaboró con los nazis en la destrucción de Checoslovaquia, ocupando en 1938 la zona de la Silesia checa (Český Těšín y la zona de alrededor, de eso se hablará en una entrada próxima) y que puso en marcha una política de represión contra las minorías no polacas de la zona.

Actualización del 4 de septiembre: para el que sepa ruso y le interese, aquí se puede bajar la colección de documentos “Secretos de la política polaca“, de Sotskov (en formato PDF).

Published in: on septiembre 2, 2009 at 12:21  Comments (18)  
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